martes, 19 de agosto de 2008

Instrucciones para cantar

por Julio Cortazar (corresponsal exclusivo)






Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

lunes, 18 de agosto de 2008

Viva (light)

Coldplay
3 de Agosto
Verizon Center – Washington DC
*****

Mejor que irse a misa un domingo, el gran espíritu pagano decide conducirnos esta vez a Chinatown, en pleno downtown, donde las transmutaciones también ocurren. Si bien no llegamos “a hora”, la efervescencia de un pueblo de hormigas poliglotas colmando las entradas del coliseo elimina toda necesidad de puntualidad. En los pasillos, en las escaleras mecánicas, en las gradas, la ocupación y la densidad es absoluta. Invadimos literalmente cada uno de los rincones del mayor estadio cubierto de la capital imperial. El primer acto lo habíamos perdido; un numero local cuyo nombre se desvanece en nuestra indiferencia... hasta que llegamos finalmente a nuestros asientos, donde nos percatamos de la presencia escénica de quien quizás sea la artista “revelación” de este año: Santogold. Música agradable y fresca, coreográfica como la noche que nos contempla pero que sin embargo no consigue alterar los deseos lúdicos del hormiguero presente. Muchos afirman que la propuesta es muy similar a la de M.I.A.; otros en cambio, la alaban, de todos modos, olemos que Santogold no tiene absolutamente nada que ver (musicalmente) con el plato de fondo...

Interrogantes y bifurcaciones aparte, estábamos todos ahí, esperando finalmente que se estremezca la Vida. Debemos admitir que antes del show, todos pensábamos en singular, pero la efervescencia noctámbula vivida aquella vez nos iluminaría la colectividad de los hechos. Se cantaron, se vibraron, se emocionaron todos, por eso, se dispararon muchísimas fotos, se filmaron todos, y si alguna vez se callaron todos, no fue por desconocimiento o desconexión, al contrario, sino por la múltiple novedad del intenso espectáculo presenciado. Podríamos traer a colación los espectáculos montados por U2 o Pink Floyd como mega eventos musicalmente mediáticos y únicos, ya que ambos apuntan, además de la conquista musical sobre el individuo, a una despersonalización en masa provocada mediante un “espectáculo” sensorialmente complejo de flujos e intensidades. Pero las comparaciones siempre son odiosas, así que no nos queda otra que tratar de enumerar las particularidades de este show:

1. En primer lugar, y para empezar por el territorio musical, un nuevo disco y como si fuera poco, con nuevo “sonido” (destilación a cargo del guru “Brain” Eno). Podríamos profundizar en este punto, pero preferimos no hacerlo pues se pueden encontrar innumerables artículos en la red (y afuera) al respecto, así que pasamos a...
2. Un escenario colosal de mas de 120 metros perimetrales, con forma de "herradura", del cual Chris Martín se encargo de recorrerlos íntegramente. En realidad, en el transcurso del show los escenarios se multiplicarían: uno en la punta izquierda de la “herradura“ (sector AAA), donde, emergería del suelo un “mini escenario lumínico o side stage” en la que la banda tocaría dos temas y otro mini escenario, inclusive mas chico que el anterior, montado casi en la parte mas alejada del escenario principal, hacia el fondo del recinto (sector 119), donde la banda tocaría (acústicamente) sus últimos dos temas (del set normal). Luego entrarían de vuelta para el “bis”, esta vez ya en el escenario principal, para cerrar con cuatro y definitivas canciones,

3. Una pantalla gigante del mismo largor que el escenario sobre la que pasaban imágenes y ediciones en vivo además de otras ya preeditadas,
4. Una versión extra large (también del mismo largor del escenario) del cuadro “ La Libertad guiando al pueblo” de Eugene Delacroix (1830), pintura que hace de tapa del ultimo disco.
5. Antes del show parecía una mega bola de adivinación, un hiper foco o una súper piñata colgada en el centro de la “arena”. Resulto ser un O.V.N.I., una pantalla esférica ultra-high-tech (nunca habíamos visto algo parecido) y que pasaba imágenes y ediciones en vivo, además de otras ya previamente editadas, sobre los 360 grados tridimensionales de su superficie, y que a veces, servia simplemente como un farol king size de tonos monocromáticos,
6. Un techo de luces, bien a lo alto, que cubría todo el escenario mas su “herradura” y que dejaría al mismísimo Coco Oren en el kindergarten del "techoluminismo", y de donde, a lo largo del show, descenderían otras 6 esferas mas, pero siendo éstas, de un diámetro un poco menor a la central.
7. Un caleidoscópico y bélico show láser que llenaba con espasmódica luminosidad el enorme espacio que nos albergaba,
8. Y para cerrar la lista y el show: papel picado (viva la cursilería por tener forma de mariposa) technicolor aleteando su caída libre desde el techo de luces hacia el publico.


En condiciones como esta, el show (ver compilado) definitivamente deja de ser un mero recital y pasa a ser un “espectáculo” colosal con derecho propio, diseñado para cautivar y convertir exclusivamente a grandes masas y/o estadios. Muchos ya afirman que el de Coldplay es el mejor show del verano (incluso el de sus vidas). Nosotros en cambio, tenemos ese sitial para otra banda inglesa, también de tour por estas tierras, de la que comentaremos oportunamente en este blog. De todos modos de algo estamos seguro: Coldplay, la banda que quizás sea, entre todas las de la escena actual, la mas “políticamente correcta”, y utilizando el que quizás sea el peor vestuario militar de la historia del showbiz, de$troza este país a su paso...



domingo, 17 de agosto de 2008

Viva (heavy)

3
El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada.
La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967)


Si estas “tekore’i” (estar al dope en guaraní) o si sos un/a verdadero/a fanatico/a de Coldplay te invitamos, gracias a todos los corresponsales enviados a cubrir el show, a presenciar [casi íntegramente] los cerca de 90 minutos que duro "el espectáculo" para que quites tus propias conclusiones. (Aconsejamos además tener abiertas dos ventanas como minimo para darle continuidad al show.)

Setlist:
Fix You
Strawberry Swing
Chinese Sleep Chant (side stage)
God Put A Smile Upon Your Face (side stage/techno version)
Square One
The Hardest Part (partial)
Yellow (Johny Carson –Barry Gibb)
Lost!
The Scientist (Side Stage - Acoustic)
Death Will Never Conquer (Side Stage - Acoustic - Will)
Bas, Bes, Bis, Bos, Bus:

sábado, 16 de agosto de 2008

entuvozbientocamina


Ganadora en el 2007 del premio nacional a la excelencia arquitectónica del RIBA (Royal Institute of British Architects), el Singing Ringing Tree, (£60,000), es una interesante escultura musical de tres metros de altura con forma de árbol, enclavada en un sitio que permite una interesante vista panorámica del hasta ahora casi desconocido pueblo de Burnley, en Lancashire, Inglaterra. La obra fue creada por los arquitectos Mike Tonkin y Anna Liu (de la firma londinense Tonkin Liu) a partir de una serie de tubos de acero galvanizados que giran sobre si mismos emitiendo un sonido misteriosamente discordante y de características corales cuyas tonalidades varían de acuerdo a la interacción del viento con la pieza. Algunos tubos son estructurales y otros son meramente estéticos, aunque el mayor desafío radico en conseguir su "sonoridad". Luego de una serie de experimentos con diferentes materiales y grosores de tubo, las cualidades armónicas de este gran y elegante yuyo metálico fueron conseguidas y afinadas a partir del largor de cada tubo y colocando agujeros en la parte inferior de estos. Para leer el interesante proceso de conceptualización y formalización (lastimosamente en ingles) apretar este link y este otro.

viernes, 15 de agosto de 2008

bendit@ seas entre todas LAS RESIDENTAS

Las Residentas del Rock

Sábado 09 de agosto – 23:45 hs. (aprox.)

La Viola Pub

****

Las Residentas del Rock es un grupo que atrae espectros. Los encarna. Y los revitaliza con magia angelical y crudeza auditiva.

En las cuerdas vocales de Mónica Guppy o “Demoniacal” (que fue lo que creí escuchar cuando la interpelé) anidan diversos espíritus a quienes evoca desinhibida y hasta a veces histéricamente, sobresaliendo con soltura en la compleja tarea. Detrás, una banda la soporta con determinada coordinación y entregan sus joyas más valiosas, incrustándose desde otros ángulos en melodías preestablecidas y creando en cada track, una experiencia antes no descubierta.

Así, el girl power de Las Residentas se abre de sus propias etiquetas y libremente expande el eco de monstruos que vuelven desde el inframundo, irradiando los vestigios de antiguos latidos musicales, mientras que las reversiones de los que aún habitan el mundo de los vivos, elevan el pedestal de sus leyendas.


En casi una hora de remakes, tal vez un poco más o un poco menos, el tiempo se altera con los artificios de Natalia Benítez desde el bajo, sumada a las guitarras de Dahia Valenzuela y Sissi Pistilli, que junto a ¿su hermana? Sindy Pistilli en las batas, vuelan de una década a otra, zigzagueando entre estilos, ritmos y ondas, a espaldas de Guppy, que despliega sobriedad, batallando con el excentricismo de Robert Smith, la eternidad de Madonna, la acidez de AC/DC y hasta con la cabeza rapada de Britney Spears.


Sin dudas, las chicas son una banda con cráneo. Su set, seduce por la consistencia de su contenido, la riqueza de su forma y por la manera en la que se atreve a desafiar tu memoria, rindiendo un verdaderamente divertido homenaje de la mujer paraguaya al árbol genealógico, de las más grandes influencias de ayer y hoy*.

Set List.

“Just like heaven” – The Cure
“Hit the road” – Ray Charles
“Vogue” – Madonna
“Oh darling!” – The Beatles
“Over protected” – Britney Spears
“What´s up” – 4 Non Blondes
“Stop” –
“Born to be wild” – Steppenwolf
“Highway to hell” – AC/DC
“Piece of my heart" – Janis Joplin**.

* ¿Para cuando “No woman no cry” señoritas?.

** ¿Para cuando temas propios?.

jueves, 14 de agosto de 2008

"La respuesta verdadera está en la música..."

IDEAS SOBRE LA IMPROVISACIÓN LIBRE
Por Keith Jarrett (Extracto de Tocando el horizonte. La música de ECM. )

Hace más de tres décadas, a mediados y a finales de los años sesenta, Miles Davis solía aparecer por los clubes en los que actuaba con mi trío, ya fuera en París o en Nueva York. Parecía sentir curiosidad por algo. En cierta ocasión, fue con su quinteto a un minúsculo club de la orilla izquierda de París llamado Le Camilion, con capacidad para unos diez espectadores, para ver a mi trío, formado por aquel entonces por Aldo Romano a la batería y J. F. Jenny-Clark al contrabajo. El club estaba en el sótano de un pequeño bar que, sin embargo, era mayor que la estancia donde actuábamos. El local tenía un piano de pared espantoso, y a menudo nos dedicábamos a experimentar con la “improvisación libre”(a veces, el pésimo estado del piano era de gran ayuda para tocar esa música). Mi trío estadounidense, formado por Charlie Haden y Paul Motian, trabajaba constantemente en el terreno de la “improvisación libre”, aunque esta faceta no haya quedado adecuadamente recogida en las grabaciones que hicimos. Miles también vio actuar varias veces a esta formación en diferentes clubes. Los años sesenta fueron una época importante para el free. Ornette Coleman y Don Cherry habían despuntado a finales de los años cincuenta junto con Paul Bley, Jimmy Giuffre y, más tarde, toda la corriente “vanguardista”. Algunos de esos músicos ni siquiera sabían tocar, pero aquello no tenía demasiada importancia, y de ellos aprendí unas cuantas cosas en términos de tiempo y espacio. Ornette había partido de la complejidad cada vez mayor característica del período posterior al bebop para abrir nuevos caminos, y los músicos jóvenes se atrevían con todo. Fueron años de una gran vitalidad. Después de un pase especialmente free en Le Camilion, Miles me hizo un gesto para que me acercara a su mesa (creo recordar que nadie bebía nada) y me preguntó: “¿Cómo lo haces?”. “¿El qué?”, respondí. “Tocar a partir de la nada”, comentó. “No lo sé —le dije—. Lo hago. Ya está”. Miles estaba anonadado ante aquella presunta facilidad mía para crear en tiempo real, sin un material previo. Sin embargo, y a pesar de que había escuchado mucha improvisación libre en el pasado, creo que advertía en mi manera de tocar una mezcla única de improvisación libre y de composición espontánea, una combinación que acabaría copando mi vertiente profesional, sobre todo en los conciertos en solitario.
A decir verdad, todo se reduce a si el músico concibe esa “nada” como la falta de “algo” o como la presencia de un “todo”, y también al significado que el intérprete da a ese “todo”: si lo limita o le asusta, su capacidad para improvisar también se verá limitada. Hay en todos nosotros una determinada estructura. A mi entender, el único límite está en aquello que el cuerpo no puede hacer. Tal vez fuera eso, entre otras cosas, lo que Miles escuchó. Parecía querer formar parte de ello. En varias ocasiones me pidió que me uniera a su grupo, y finalmente accedí aunque sólo aguanté unos pocos meses. En esa banda, a menudo me dejaba aventurarme, en compañía de Jack DeJohnette y de Dave Holland o de Michael Henderson, en largas excursiones por los terrenos de la improvisación libre. Nunca me “interrumpía”, ni intentaba unírsenos durante aquellos pasajes. A Miles posiblemente le gustara más escuchar que tocar. Por supuesto, tocábamos toda aquella música con los molestos instrumentos electrónicos tan de moda en aquella época, y no tardé en dejar todo aquello después de que Jack abandonara el barco.
Cuando era un adolescente, recuerdo haber escuchado a mi hermano Chris (que no sabía nada de pianos) tocar algunas cosas que me marcaron profundamente. Aquellas piezas tenían una poderosa carga significativa, fruto, según me dijo, de la crisis en la que estaba sumido a la sazón. Se abalanzaba sobre el teclado sin tener la menor idea de cuál iba a ser el resultado (o, mejor dicho, con una cierta idea, aunque solamente en el sentido emocional). Sin embargo, de aquel acto salía algo. Aquellos momentos musicales, aunque “insólitos” en cierto sentido, calaron hondo en mí, y habrían de pasar muchos años antes de que yo pudiera habitar, deliberadamente, el espacio musical que Chris había visitado accidentalmente. Así fue como aprendí que, a veces, debemos provocar los “accidentes”.
Lo primero que debo decir acerca de la improvisación libre es que no es apta para aquellas personas obsesionadas con mantener el control. Tan necesario como agudizar el oído y, en la medida de lo posible, contar con una amplia experiencia musical es dejarse ir deliberadamente en algún momento. Cuando en 1983 formé el trío con Jack DeJohnette y Gary Peacock, los tres habíamos vivido en primera persona los años sesenta y la improvisación libre. En nuestra primera sesión de grabación, de la que salió el disco Changes, rendimos homenaje al universo libre. Ahora, en pleno siglo XXI, después de editar en 2001 Inside Out, hemos sacado al mercado una grabación en directo realizada en Japón en 2002, titulada Always Let Me Go. Antes de grabar Inside Out en Londres, dije a Gary y a Jack que debíamos intentar no seguirnos los unos a los otros. Es decir, que si uno de nosotros le apetecía tocar algo que se le hubiera ocurrido, el resto seguiría adelante, ajenos en cierto sentido a lo que hiciera cada uno y, por lo tanto, a cualquier referencia que pudiera interrumpir el flujo. Es sumamente difícil describir el proceso (la respuesta que di a Miles era mucho más acertada). Sin embargo, antes incluso de que el trío hubiera grabado, yo llevaba años actuando en solitario y había aprendido que la “música libre” no nacía únicamente de un estado de ánimo determinado. En un concierto en solitario (improvisado siempre desde la primera nota) participan, como mínimo, tres personas: el improvisador, el compositor espontáneo y el tipo que escuchaba sentado al piano. La figura del improvisador es la más sencilla de explicar, aunque nadie en su sano juicio intentaría hacerlo. Se sienta frente al instrumento y confía en que su talento le permita encontrar un camino musical para ir de A a B (toda vez que desconoce totalmente qué es B). La figura del compositor espontáneo es algo más compleja, y se sitúa ligeramente por encima de la del improvisador. Sin pensarlo, cada vez que el improvisador se lo reclama, le “envía” al instante el material (¡lo siento, no se me ocurre otra manera de explicarlo!), lo que puede obligarle a tener que crear B de la nada. Su tarea es más ardua pues, si el improvisador se bloquea, se pierde o simplemente se aleja de la “zona”, ha de crear una cantidad importante de “contenidos” sobre la marcha. El compositor azuza al improvisador (y viceversa) al tiempo que el tipo sentado al piano —que controla los procesos y trata de no juzgar demasiado apresuradamente o de intervenir, aunque esté en desacuerdo con lo que sucede— presta atención al conjunto mientras comprueba (todas estas acciones son simultáneas) las funciones vitales para advertir cualquier anomalía, asegurarse de que no sufre rampas en los dedos o en otras partes del cuerpo, que respira regularmente…
Por supuesto, en un grupo, hay poco espacio para la improvisación pero, en líneas generales, el proceso es idéntico. En tanto que responsable del repertorio de los pases en los conciertos de estándares e improvisador en solitario a lo largo de todos estos años, he llegado al extremo de “programar” incluso materiales inexistentes (por ejemplo, la música de la grabación realizada en Japón). Sí, la participación de Gary y Jack es siempre extraordinaria, pero yo soy quien tiene en sus manos el instrumento armónico, una gran experiencia acumulada en el terreno de la composición espontánea y, además —como dice un amigo—, “alguien tiene que ponerse al volante”. Sin embargo, dejando de lado estos aspectos, los tres tenemos total libertad para hacer a nuestro antojo. Ninguno de nosotros está obligado a comportarse musicalmente de un modo concreto. La música que hacemos es fruto de la necesidad del momento. Aun así, lo más sorprendente del proceso es que, sin siquiera proponérnoslo, las formas aparecen. Tal vez en Inside Out sean más tradicionales, pero ni siquiera ahí esas formas existían antes de que empezaran a cobrar vida ante nosotros. No quiero negar, sin embargo, la dificultad de la empresa: no es ni mucho menos tan sencillo como parece estar preparado para la irrupción de estas formas. (Debemos estar sumamente familiarizados con todas las posibles.) Dejar que la música fluya a pesar de uno mismo es posiblemente lo más duro de todo lo que se necesita para ser músico. No hay que perder de vista en ningún momento al yo que está al mando, y hay que permitirle expresarse en cada nanosegundo. Cada nanosegundo ha de ser una reafirmación de los principios y, si es necesario, una reformulación de las prioridades.
En los CD japoneses, en ningún momento sabemos (¡en ninguno!) qué va a suceder a continuación. Todo puede cambiar en función de quién golpee tal o cual plato o toque tal o cual nota. En ocasiones, mientras tocamos, (me) asalta la sensación de que nos movemos en el infinito, pero esa percepción se desvanece un segundo más tarde. Si sumamos estos segundos, obtendremos un número determinado de minutos musicales. Imaginen que no tienen la menor idea de lo que les va a suceder dentro de un segundo. A continuación, decidan que quieren que eso sea así deliberadamente. Posiblemente les sea necesario confiar en algo más importante que en las propias ideas. Habrá que someterse a “algo” que, probablemente, no sabrían cómo llamarlo o cómo describirlo. Necesariamente, sería un “algo” misterioso. Sin embargo, tras pasar por ello, si sobreviven, sabrán algo más acerca de las posibilidades que les ofrece la vida. Todo esto es aplicable al terreno de la música. Cuando se produce un momento decisivo (y abundan en Always Let Me Go), los tres sabemos al instante que ese pasaje merece el precio que ha costado la entrada al concierto. La música nos “lleva” a un lugar desconocido hasta entonces. Hemos logrado crear un accidente. Da igual que la música funcione o no en cualquier otro sentido, que sea o no una “Obra de Arte duradera”; todo eso pasa a un segundo lugar ante la situación en la que nos hallamos inmersos. Vivimos rodeados por “Obras de Arte” duraderas y, sin embargo, ¿cuántas veces descubrimos algo nuevo? Yo siempre he tocado para mí, para ese oyente que se sienta en la banqueta frente al piano. Esa persona ha escuchado todos mis conciertos, y siempre ha soñado con volar. No tengo la menor idea de cómo genera el material el “compositor espontáneo”, o de cómo conserva su libertad el “improvisador libre”, pero sí sé, sin embargo, que no me interesa demasiado descubrirlo. Por todo ello, la respuesta a la pregunta de Miles, “¿cómo lo haces?”, ha de ser hoy necesariamente la misma. No lo sé. Lo hago. Y cuando las cosas funcionan, es imposible explicar el motivo.
La verdad es que, cuando tocamos música improvisada, vivimos en una de las dos caras de la moneda, en una que, además, cambia de aspecto a cada momento. Para describirlo, debería viajar al otro lado (al aspecto analítico), pero, una vez ahí, entenderíamos que no tenemos acceso a la respuesta verdadera. La respuesta verdadera está en la música; en su fin y en su energía. La respuesta verdadera sobre el proceso en el que estamos inmersos también se halla en cada uno de ustedes. Cuando escuchen esta música, sabrán exactamente tanto como nosotros sobre ese próximo momento. Y cuando lo escucharon, compartieron con nosotros el suspense que nosotros experimentábamos mientras creábamos esa música. La única diferencia entre ustedes —el oyente— y el trío es que nosotros tuvimos que dar físicamente ese salto hacia lo desconocido, que yo tuve que reunir al improvisador y al compositor y pedirles que colaboraran. Ninguno de nosotros puede aferrarse a los mejores momentos de su pasado, y eso es precisamente lo que los hace tan preciosos. Y ninguno de nosotros, ni siquiera los músicos, podemos hacer que la música viaje a un punto y permanezca ahí indefinidamente. Always Let Me Go es un buen título, pero es aún más acertado si lo vemos como la descripción del proceso de la improvisación libre. Sólo si dejamos escapar cada uno de esos segundos imperceptibles, fugaces (y lo hacemos con el mismo empeño que pondríamos en aferrarnos a ellos), podremos habitar el siguiente instante infinito, que durará, simplemente, un segundo. Esta es la mejor definición que se me ocurre de la improvisación libre. Y por eso Always Let Me Go es el mejor título posible para dicho proceso.
Algo más a propósito del título: estaba cenando con Manfred Eicher entre bastidores, antes de un concierto en París, cuando nos planteamos cómo titular las cintas japonesas. Yo había pensado Time in Space, pero Manfred, haciendo un mueca traviesa, me propuso Always Let Me Go. Ninguno de los dos pudo evitar una carcajada. (A ambos nos fascinaban las dos versiones que yo había grabado de una balada titulada “Never Let Me Go”. Una está en el disco Standards,Vol. 2; la otra, en Tokyo ’96.) No es habitual carcajearse así ante una descripción perfecta de un proceso delicado, misterioso y complejo. Me pregunto si ya se le había ocurrido anteriormente o si fue fruto del momento, de su improvisación libre. Yo llevaba semanas intentado dar con un título idóneo (por lo general, no me cuesta) pero las palabras acudieron a su boca automáticamente, precisamente porque él había entendido el proceso inherente a aquella música. Porque es de ahí donde ha de nacer el saber: del interior. Y del interior, ha de proyectarse hacia fuera. Si dibujo un mapa, tomarán ese mapa como si dijera la verdad. Si no lo dibujo, tal vez buscarán esa verdad por ustedes mismos (o en su interior). En ese momento, se estarán acercando a la música, porque se habrán olvidado de la imagen ideal que alguien ha dibujado para ustedes, una imagen que ni Jack, ni Gary, ni yo tenemos presente cuando tocamos. Descarté todas las posibilidades que había escrito porque había olvidado las limitaciones del lenguaje. Lo más importante es qué conjuran las palabras, porque la página impresa está ahí, en sus manos, como si contuviera una verdad permanente y eterna. Pero le falta algo: Always Let Me Go.

El que no improvisa es un gallina !

Red Bull - Batalla de los Gallos
El evento más esperado por la escena de Hip-Hop local.

La Batalla de los Gallos es una competencia donde los MCs demuestran sus habilidades de improvisación. El arte de la rima improvisada es mejor conocido como Freestyle en la escena Internacional. Los MCs se enfrentan uno vs. el otro hasta determinar el ganador local paraguayo que va competir en representación de nuestro país en la gran final en México DF.

Esta competencia es internacional y participan todos los países de habla hispana incluyendo España y MCs hispanos de Estados Unidos.

Para este evento tendremos presente como jurado MCs reconocidos en la escena internacional – Mustafa Yoda (Ar) – Sandoval (Ar) – Yamil Rios ( X- ile; Py)

Para la gente que no conoce el Hip-Hop verdadero fuera de la corriente principal de la cultura popular se llevara una gran sorpresa al conocer lo grande que es la escena local, que nos trae siempre nuevos y sorprendentes talentos en este estilo único del Hip-Hop de la mano de Reb Bull.

Los MCs interesados en participar en la batalla están cordialmente invitados a inscribirse al teléfono 621143 y el e-mail logomotora@gmail.com – los cupos de inscripción son limitados! También pueden visitar la página oficial de la Batalla de los Gallos de Red Bull www.batalladelosgallos.com .

Condición para poder asistir y participar de este evento es ser mayor de edad y tener C.I. vigente.

Están todos bienvenidos al evento mas esperado por nuestra tribu urbana del Hip-Hop!

miércoles, 13 de agosto de 2008

Todo lo que pasa pasará hoy


Para construir altar, comprar velas y agradecer a tu santo:
Brian Eno y David Byrne han anunciado lanzamiento de un nuevo disco!
Si bien ya es posible descargar, como adelanto, un tema gratis "Strange Overtones" (dejando tus datos) en un portal creado para el efecto, el nuevo disco, titulado Everything that Happens Will Happen Today, estará disponible en el mismo portal desde el 18 de agosto de este año, tanto para escucharlo gratis (streaming) o para comprarlo, tanto como descarga digital o en formato matérico.
Si bien han anunciado una nueva gira por los Estados Unidos, no lo hicieron mediante los procedimientos "comunes" de la industria musical, pues han decido salir de los esquemas habituales de marketing y difusión (dar entrevistas, colocar anuncios en revistas musicales, posters, etc.) pues simplemente esperan que el publico se entere únicamente a través de una boca en boca virtual.
Gracias a la computadora de su hogar en Midtown, Manhattan, NY conectada de alguna manera a la tuya, un emocionado Byrne resume las responsabilidades que le cupo a cada uno:
Eno: encargado musical/ él: tonadas y letras (y por supuesto, vibrarlas con las cuerdas vocales).
Este será el primer lanzamiento de Eno y Byrne desde aquella celebrada y majestuosa colaboración lanzada en febrero de 1981 titulada My Life in the Bush of Ghosts. Si hoy día, aquel disco constituye un clásico indispensable en cualquier colección privada, precisamente por poseer un sonido impresionantemente contemporáneo, no podemos mas que avizorar un futuro similar a esta nueva creación de este hiper dúo dinámico de la experimentación sónica.

martes, 12 de agosto de 2008

Murder on The Dance Floor

La Viola – Viernes 08-08-08

Con poca coherencia y cero relatos lineales es la mejor forma de comenzar el relato de la noche del beat eterno. “Si la música tuviera un génesis, sería el ritmo” dice mi viejo, y tendríamos que hacerle caso, al final, mientras más relación logremos con la música (la identificación de la letra, lo heartbreaking de la melodía o el baile) mejor.

Desde el momento que llegamos al lugar, con todo lo que el ritual conlleva, nos vamos desprendiendo de las inhibiciones. El beat, el Groove, el bajo, lo nuestro, golpeando los vidrios se siente desde el otro lado de la vereda, y de este lado se queda toda la razón, bastante rezagada a nuestros pasos. El house “is in da house!!!” desde que entramos, el DJ Happy Murder con mascara mas distorsionada que su música, asesina preconceptos y maneja las tablas como
carpintero, con la cantidad casi igual de ambos sexos equilibrando todo esta noche. El espectro de sonidos, de gente y de sensaciones, nos deja a todos un buen sabor, directamente desde la coalición más under del país, con los brazos arriba y la mirada clavada en otro.

Nuestros merecidos momentos de descanso entre tema y tema, nos preparan para la próxima y última explosión de frecuencias bajas, que en este momento ya nos tienen en el baile frenético contagiante, con muchas esperanzas de tener un final más feliz de lo acostumbrado, entendemos lo primitivo del colectivo humano, y con muy poco la desnudez mas verdadera nos llega.

lunes, 11 de agosto de 2008

El "Soul", si bien es negro, está de luto

La muerte de Isaac Hayes, a los 65 años y por causa natural, deja a la música negra estadounidense sin uno de sus más activos e innovadores representantes. Compositor, arreglista, productor, pianista y vocalista, Hayes fue parte esencial del irrepetible soul de Stax Records, la legendaria compañía con residencia en Memphis. A él se le debe buena parte del avance de los sonidos negros hacia el funk, con arreglos menos viscerales y más bailables y atmosféricos.Isaac Hayes ha sido encontrado muerto en su domicilio de Memphis, en Tennessee. El cantante de soul y funk tenía 65 años y fue encontrado inconsciente junto a una cinta andador aún en marcha. Su reconocimiento le llevó a poner la banda sonora a la película Shaft, protagonizada por Samuel L. Jackson.
Nacido en 1942 en un pueblo del Estado de Tennessee, la historia de Hayes tiene atributos casi épicos. Se quedó huérfano al poco de nacer después de que su padre abandonó a su madre y ésta murió a los 18 meses de dar a luz. Fue educado en la pobreza por sus abuelos, mientras una radio le mantenía en contacto con el mundo y, especialmente, con la música de aquellos años. Solía soñar con tener una cama caliente, un buen almuerzo y ropas decentes que ponerme, confesó en una entrevista años después. Ciertamente, en los comienzos de su vida, nunca tuvo un lugar adonde ir. Cuando sus abuelos se trasladaron a Memphis, amparados por tíos lejanos, Hayes estuvo viviendo en todo tipo de lugares y trabajando de cualquier cosa para sacar dinero. Llegó a dejar el colegio por la vergüenza que le daba asistir con zapatos llenos de agujeros, aunque luego regresó y ganó un concurso de talentos al cantar un tema de Nat King Cole. La música sería su refugio, y la compañía Stax Records, en pleno guetto negro de Memphis, su hogar. En la que fue la casa de los sonidos más excitantes que ha dado la música negra, Hayes se convirtió a principios de los setenta en uno de los músicos más solicitados. Tras tocar con varias bandas por garitos de la ciudad, empezó a colaborar en grabaciones del sello. Al poco tiempo pasó a ser uno de los más activos pianistas de sesión de la casa, sin olvidar en ningún momento su faceta como letrista, lo que le llevó a formar parte de más de 200 colaboraciones. Recibió su primer sueldo de Stax tocando el piano para Otis Redding, con el que grabaría el magnífico Otis Blue. Por aquel entonces, cuando Estados Unidos era invadido por el pop de los grupos británicos desde los Beatles hasta los Rolling Stones, Hayes era un músico contratado por Stax Records, cuyo nombre había que buscar en la letra pequeña de los créditos de algunas de esas canciones negras que no llegaban a las listas blancas pero que la historia ha situado como auténticas joyas desfogadas del rythym & blues. En su haber se encuentra, entre otras, Soul Man, de Sam & Dave, B-A-B-Y, de Carla Thomas, o I Had a Dream, de John Taylor. Pero su imaginación y peculiar sentido del ritmo le llevaron a desarrollar un sonido más personal, alejado de la fuerza vocal de otros compañeros.
Tenía olfato para los arreglos diferentes y se ganó una reputación dentro de la compañía, por lo que pudo impulsar su técnica en solitario y publicó con inesperado éxito Hot Buttered Soul, donde sus limitaciones como vocalista son hábilmente dosificadas por atmósferas orquestales de larga duración. En un período en el que sólo se conocían singles, este disco contaba con tan sólo cuatro cortes superando los 40 minutos. La instrumentación ganaba mucho protagonismo y se salpicaba con notas vocales de sensualidad. Eran los cimientos para el edificio del funky instrumental y romántico que luego habitaron artistas como Marvin Gaye y Barry White. Otros nombres como George Clinton, Temptations o Sly & The Family Stone partirían de esa sonoridad para adentrarse en otros experimentos igual de interesantes. El reconocimiento del gran público llegaría en 1971 al obtener el Oscar y dos Grammy por su canción Shaft para la película del mismo título. Luego, grabaría bandas sonoras, empezaría una carrera de actor para cine y televisión y se involucraría en varios proyectos humanitarios. El nombre de Isaac Hayes era entonces sinónimo de éxito e independencia artística, e incluso tuvo connotaciones religiosas. En 1972 ganaría otro Grammy por su álbum Black Moses, en cuya portada aparecía como el mesías negro. No lo era, pero hoy son muchos los raperos estadounidenses que reconocen su legado. Al fin y al cabo, fuera de cualquier liturgia, su música tuvo algo de anunciación y consagración para el soul, el funk y lo que llegara después.

sábado, 9 de agosto de 2008

delaputaMOTHER

Lado B:

"Si cerrás los ojos, son negros jazzeros de minimo 60 años de música"

viernes, 8 de agosto de 2008

delaputaMOTHER

(Lado A)

Motherfunk

Sábado 02 de agosto – 23:45 hs. Creo.

La Viola Pub

*****

Justo a tiempo para las Olimpiadas a las que no clasificamos, el rock paraguayo descubrió a la perfecta Selección Sub-23, que a base de feeling, electricidad y virtuosismo, nos hubiera coronado en lo más alto del podio, mientras miramos con irreverencia a los dioses.

Aunque esta realidad sea pura ficción, convengamos que los Motherfunk son unos absolutos estrategas y saben como cautivar a sus vástagos, que a medida se desarrollan nuevas presentaciones, siguen creciendo en tamaño, volumen y cantidad. Así, este grupo de mita´is (entre todos promedian 21 años) peló mambo el pasado sábado en el estar de música viva y nos refregó en la cara 100 años de música, con un show de aproximadamente hora y media.

Principalmente, el sexteto deslumbra por su calidad compositiva y por las enérgicas vibras que contagia cada tema de su repertorio, cuyo esqueleto descansa sobre la batería de Marcelito Soler y los imparables clímax que desde el piano, aporta Rodrigo Quintás.

De esta manera, sobre una sólida estructura de fondo, las alucinaciones sónicas de la pachamama del funk, pasan de la defensa al ataque, a sólo dos toques y certeros pelotazos al área. Adelante, Gabriel Orué y Marcelo Ortigoza, saxos tenor y alto, respectivamente, definen las jugadas con la avasallante acción de sus vientos. Mientras David Muller en guitarra y el bajo de Gabriel Fretes, impulsan el ida y vuelta con una maestría insospechada, volándote el cráneo hacia el espacio interior.

Obviamente, no me pidan que no sea un inconsciente, ni que detalle los tracks del set, porque el único pedido de tema específico que irrumpió en el trance de parte de uno del centenar de asistentes, fue el de “Pasaje”, mp3 que tampoco puede bajarse de su myspace.com/karashafunk, pero que a falta de discos oficiales con los nombrecitos de los temas, puede servir de un feliz aperitivo, para disfrutar de antemano uno de los futuros ascensos a primera más vertiginosos, que criará la música de estos lares.

jueves, 7 de agosto de 2008

(Hoy)

Mundo llora.

Minúsculo Homenaje al Indio Astronómico

Un gentil-hombre se sueña secuestrado por un canal de la televisión oriental en Alemania ejecutando a un misionero clamando limosna.

miércoles, 6 de agosto de 2008

88 + 98 = 08

fiesta del 888
electrónica en la viola! - times becomes a loop
jungle lion + simple y completo + happy murder

time and place
start time: friday, august 8, 2008 at 11:00pm
end time: saturday, august 9, 2008 at 10:00am
location: la viola
street: rca. francesa casi maricas lopez
city/town: zion para agua



www.myspace.com/simpleycompleto
http://www.myspace.com/happymurdermusic


del 988
dunamis + residentas del rock

dunamis se presentará este sábado 9 de agosto en la viola (rca. francesa c/ eligio ayala a la una cuadra de mcal. lópez) en el marco de su mini gira capitalina de presentación de los nuevos cortes promocionales “nunca mas” “te buscare”.
la banda, que promete ofrecer un show de funk rock progresivo con influencias de bandas de los 70's, 80's y 90's (y la del santísimo misterio) se caracterizara por la energía y la potencia en vivo que se tocara además de otras sorpresas!
además como banda invitada, las residentas del rock, presentaran un set de rock remake de todas las épocas del universo. este evento contara con luces y sonidos repuros – entrada diez.

dunamis es:
nicole arzberger (voz y guitarra)
ricardo lugo (batería, percusiones y coros)
cesar peralta (guitarras)
didier parra (bajo y coros)
sissi pistilli -2da guitarra
dahia valenzuela -1era guitarra
natalia benitez - bajo

"y les alzaste un templo en el oído"

PARA ESCUCHAR CON AUDIFONOS
Me fascina que la mujer que está a mi lado escuche discos con audífonos, que su rostro refleje sin que ella lo sepa todo lo que está sucediendo en esa pequeña noche interior, en esa intimidad total de la música y sus oídos. Si también yo estoy escuchando, las reacciones que veo en su boca o sus ojos son explicables, cuando sólo ella lo hace hay algo de fascinante en esos pasajes, esas transformaciones instantáneas de la expresión, esos leves gestos de las manos que convierten ritmos y sonidos en movimientos gestuales, música en teatro, melodía en escultura animada. Por momentos me olvido de la realidad, y los audífonos en su cabeza me parecen los electrodos de un nuevo Frankenstein llevando la chispa vital a una imagen de cera, animándola poco a poco, haciéndola salir de la inmovilidad con que creemos escuchar la música y que no es tal para un observador exterior. Ese rostro de mujer se vuelve una luna reflejando la luz ajena, luz cambiante que hace pasar por sus valles y sus colinas un incesante juego de matices, de velos, de ligeras sonrisas o de breves lluvias de tristeza. Luna de la música, última consecuencia erótica de un remoto, complejo proceso casi inconcebible.
Casi inconcebible? Escucho desde los audífonos la grabación de un cuarteto de Bartok, y siento desde lo más hondo un puro contacto con esa música que se cumple en su tiempo propio y simultáneamente en el mío. Pero después, pensando en el disco que duerme ya en su estante junto con tantos otros, empiezo a imaginar decursos, puentes, etapas, y es el vértigo frente a ese proceso cuyo término he sido una vez más hace unos minutos. Imposible describirlo- o meramente seguirlo- en todos sus pasos, pero acaso se pueden ver las eminencias, los picos del complejísimo gráfico. Principia por un músico húngaro que inventa, transmuta y comunica una estructura sonora bajo la forma de un cuarteto de cuerdas. A través de mecanismos sensoriales y estéticos, y de la técnica de su trascripción inteligible, esa estructura se cifra en el papel pentagramado que un día será leído y escogido por cuatro instrumentistas; operando a la inversa el proceso de creación, estos músicos transmutarán los signos de la partitura en materia sonora. A partir de ese retorno a la fuente original, el camino se proyectará hacia adelante; múltiples fenómenos físicos nacidos de violines y violoncellos convertirán los signos musicales en elementos acústicos que serán captados por un micrófono y transformados en impulsos eléctricos; estos serán a su vez convertidos en vibraciones mecánicas que impresionarán una placa fonográfica de la que saldrá el disco que ahora duerme en su estante. Por su parte el disco ha sido objeto de una lectura mecánica, provocando las vibraciones de un diamante en el surco (ese momento es el más prodigioso en el plano material, el más inconcebible en términos no científicos), y entra ahora en juego un sistema electrónico de traducción de los impulsos a señales acústicas, su devolución al campo del sonido a través de altavoces o de audífonos más allá de los cuales los oídos están esperando en su condición de micrófonos para a su vez comunicar los signos sonoros a un laboratorio central del que en el fondo no tenemos la menor idea útil, pero que hace media hora me ha dado el cuarteto de Bela Bartok en el otro vertiginoso extremo de ese recorrido que a pocos se les ocurre imaginar mientras escuchan discos como si fuera la cosa más sencilla de este mundo.

Cuando entro en mi audífono,
cuando las manos lo calzan en la cabeza con cuidado
porque tengo una cabeza delicada
y además y sobre todo los audífonos son delicados,
es curioso que la impresión sea la contraria,
soy yo el que entra en mi audífono, el que asoma la
cabeza a una noche diferente, a una oscuridad otra.
Afuera nada parece haber cambiado, el salón con sus lámparas,
Carol que lee un libro dc Virginia Woolf en el sillón de enfrente,
los cigarrillos, Flanelle que juega con una pelota de papel,
lo mismo, lo de ahí, lo nuestro, una noche más.
y ya nada es lo mismo porque el silencio del afuera amortiguado
por los aros de caucho que las manos ajustan
cede a un silencio diferente,
un silencio interior, el planetario flotante de la sangre,
la caverna del cráneo, los oídos abriéndose a otra escucha,
y apenas puesto el disco ese silencio como de viva espera,
un terciopelo de silencio, un tacto de silencio, algo que tiene
de flotación intergaláxica, de música de esferas, un silencio
que es un jadeo silencio, un silencioso frote de grillos estelares,
una concentración de espera (apenas dos, cuatro segundos), ya la aguja
corre por el silencio previo y lo concentra
en una felpa negra (a veces roja o verde), un silencio fosfeno
hasta que estalla la primera nota o un acorde
también adentro, de mi lado, la música en el centro del
cráneo de cristal
que vi en el British Museum, que contenía el cosmos
centelleante
en lo más hondo de la transparencia, así
la música no viene del audífono, es como si surgiera de mí mismo,
soy mi oyente,
espacio puro en el que late el ritmo
y urde la melodía su progresiva telaraña en pleno
centro de la gruta negra.

Cómo no pensar, después, que de alguna manera la poesía es una palabra que se escucha con audífonos invisibles apenas el poema comienza a ejercer su encantamiento. Podernos abstraernos con un cuento o una novela, vivirlos en un plano que es más suyo que nuestro en el tiempo de lectura, pero el sistema de comunicación se mantiene ligado al de la vida circundante, la información sigue siendo información por más estética, elíptica, simbólica que se vuelva. En cambio el poema comunica el poema, y no quiere ni puede comunicar otra cosa. Su razón de nacer y de ser lo vuelve interiorización de una interioridad, exactamente como los audífonos que eliminan el puente de fuera hacia adentro y viceversa para crear un estado exclusivamente interno, presencia y vivencia de la música que parece venir desde lo hondo de la caverna negra.
Nadie lo vio mejor que Rainer María Rilke en el primero de los sonetos a Orfeo:

O Orpheus singt! o Hoher Baum im Ohr!
Orfeo canta. ¡Oh, alto árbol en el oído!

Árbol interior: la primera maraña instantánea de un cuarteto de Brahms o de Lutoslavski, dándose en todo su follaje. Y Rilke cerrará su soneto con una imagen que acendra esa certidumbre de creación interior, cuando intuye por qué las fieras acuden al canto del dios, y dice a Orfeo:

da shufst da ihnen Tempel ím Gehür
y les alzaste un templo en el oído.

Orfeo es la música, no el poema, pero los audífonos catalizan esas “similitudes amigas” de que hablaba Valéry. Si audífonos materiales hacen llegar la música desde adentro, el poema es en sí mismo un audífono del verbo; sus impulsos pasan de la palabra impresa a los ojos y desde ahí alzan el altísimo árbol en el oído interior.

Fragmento de "P.E.C.A" del libro Salvo el crepúsculo.

martes, 5 de agosto de 2008

DOKMA + KAMBA´I



EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA “JUAN DE SALAZAR”
presenta y patrocina el ciclo de conciertos
“La canción es siempre la misma”

Dokma compartirá el escenario con Kamba’i

SÁBADO 16/08/08 – 20:00 HS – AUDITORIO “MANUEL DE FALLA” – ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

El tercer concierto del ciclo “La canción es siempre la misma” tendrá como protagonista al grupo de rock experimental paraguayo DOKMA y a un invitado de lujo, el “hechicero” de la guitarra popular maestro EFRÉN “CAMBA’I” ECHEVERRÍA, en la noche del sábado 16 de agosto próximo, a las 20 horas, en el auditorio “Manuel De Falla” del Centro Cultural de España “Juan de Salazar” (Herrera 834), que presenta y patrocina esta novedosa serie. La entrada será libre y gratuita, como en todas las actividades que alberga este espacio de cultura.
La ocasión será propicia para disfrutar de un show verdaderamente original, en el cual Rodrigo "Jurú" Pampliega en voz, teclados y guitarra acústica; "Felipón" Muñoz en batería; Jorge Amado "Coelho" en guitarra eléctrica; Javier "Cala" Del Puerto en bajo y Steven Wu en violín eléctrico ofrecerán una mirada a su repertorio más conocido, registrado en los discos “Afroloco I” (1999) y “Amerikachorros” (2002), presentarán composiciones más recientes, que estarán en su próximo trabajo -que ya tiene título: “Eurofeo”- y vivirán momentos de gran emoción con la presencia de una verdadera leyenda viviente de la música paraguaya, reconocido justamente como patrimonio cultural viviente por la UNESCO.
Camba’i (1932, Lima, San Pedro) es músico autodidacta, compositor y recopilador, y como tal desarrolló una técnica muy peculiar de hacer cantar el instrumento: ejecuta la guitarra rasgueando y punteando a la vez, sirviéndose de una afinación muy personal también. Admirado hoy por francamente todas las generaciones de guitarristas, don Efrén conoció una vida llena de sacrificios (fue obrajero, vivió en un camión, fue portero de un ministerio y guardia nocturno de un canal de televisión…), pero nunca nada le hizo perder la festiva alegría de tocar su instrumento.
Dokma es una de las bandas emblemáticas de la movida de mediados de los años 90, cuando la escena vivió una suerte de explosión de grupos ansiosos de explorar una música despojada de las etiquetas estilísticas tradicionales. El llamado “rock alternativo” tuvo su apogeo en esos años y Dokma es un digno referente de su tiempo, aunque creativa y musicalmente tuvo un crecimiento tal que lo hace dueño de una propuesta muy característica y original.
El concierto inaugural de “La canción es siempre la misma” estuvo en manos de Fauna Urbana, que compartió escenario con Vocal 2; y el segundo espectáculo marcó el debut como solista del vocalista de Deliverans, Neine Heisecke, ambos con gran repercusión de público.

¡GRACIAS POR LA DIFUSIÓN!

Qué es el POGO ?



Pogo

El pogo es un baile que consiste en saltar y chocarse unos contra otros al ritmo de la música en un concierto.
Parece tener sus inicios en la música punk, y su invención se atribuye a Sid Vicious, bajista de Sex Pistols, durante un concierto de la banda, antes de formar parte de la misma. Al parecer en dicho concierto no había escenario, la banda tocaba al mismo nivel que el público, y como no podía ver nada empezó a saltar y a empujar.
Así la version arcaica de este baile perdura hasta nuestros dias en el punk sin demasiadas modificaciones. Se baila con géneros de música fuertes como el punk, el hardcore, thrash metal, Heavy Metal, Hard rock, crust, etc. Además de los empujones, se incluyen todo tipo de expresiones y movimientos para expresar la potencia o tensión de la música y expresar las emociones de quien baila a través del ritmo. Sirve para liberar, a menudo de una forma controlada, emociones sobrecargadas, frustraciones, estrés, o tensiones violentas.
Otras versiones aseguran que Sid Vicious utilizaba un pogo stick palo para saltar y de ahi su nombre. En algunos casos se llama al Pogo Slam, aunque generalmente se llama así al salto desde el escenario.

Cómo se baila:

La forma más común de pogo consiste en moverse frenéticamente siguiendo las sensaciones de la música, haciendo gestos con el cuerpo o dando patadas al aire, o empujando a los que se tienen cerca.

1)Normalmente estos empujones tienen un carácter instigador más que de agresión, y buscan integrar de una forma enérgica pero amistosa, a los demás en el baile. Cuando los demás responden, entonces se forma un ambiente en que se empujan y apelotonan unos contra otros, transmitiéndose la adrenalina que les inspira la música, y liberando tensión emocional.
2)Cuando el pogo es consciente, se evita la violencia innecesaria en los movimientos, especialmente al llevar los codos hacia uno y otro lado.
3)Suele bailarse justo delante del escenario, procurando no molestar a quienes no quieren bailar, que se quedan un poco más lejos, o a un lado.
4)La costumbre es limitar la violencia en el caso de algún caído y siempre ayudar a levantarse si uno cae.
5)En ocasiones, debido a la pasión del público o la fuerza de la música, se supera ese nivel de expresión y puede acabar siendo un ambiente asfixiante del que facilmente se podria salir magullado, pisoteado o lesionado.

A pesar de su aspecto violento, este baile sirve a veces como gesto colectivo de camaradería, baño de masas, y confianza mutua. Sirve como ritual o terapia en el que compartir una limpieza de tensiones emocionales a través del movimiento.
Es un baile que requiere mucha resistencia respiratoria y cardíaca, y frecuentemente muscular, sobre todo si el apelotonamiento es intenso.

Variaciones:

Otra variante consiste en subirse al escenario y desde allí saltar hacia la gente (Stage diving) o (Mosh).(En algunos lugares se llama Mosh también al pogo, y al salto sobre el público Slam). En algunos conciertos se da al público la confianza de entrar en el escenario a su libre albderío, a condición de no molestar a los músicos, romper algo ni alborotar, o que suba demasiada gente al mismo tiempo. En otros se colocan vallas de contención que mantengan una distancia de alrededor de un metro entre el público y el escenario, para evitar esta práctica

1)Cuando se salta, el público recoge al saltador/a, y usualmente se le transporta o pasa entre varios por encima de la gente, como en un acto de celebración de la energía entregada por el saltador a la música.
2)Si es llevado de forma fluida por muchos brazos, puede hacer gestos, posturas, saludar o representar algún tipo de mensaje con sus movimientos.
3)El saltador debe tener cuidado de lanzarse cuando la gente está atenta a sus movimientos, o cuando la masa de gente es lo suficiente compacta para sostenerle. En ése y los demás casos, debe tener cuidado de caer de forma no violenta, coordinando la fuerza de su caída con la del público que le recibe. No se debe saltar cuando el movimiento de la gente puede dejar huecos por los que se pueda caer al suelo (Ha habido muertes por este accidente).
4)El público generalmente debe estar atento para sujetarle si es necesario, que lo es en la mayoría de los casos, y para socorrerle si el salto no tiene un buen final o se cae. También debe haber cortesía para ayudar a los que deseen subir al escenario, o ser aupados para saltar sobre la gente desde otro sitio, como los hombros de los compañeros, u otros lugares elevados del lugar del concierto.

También hay movimientos como:

•Correr en círculos.
•Death wall: Dividir el público en dos grupos que se miran de frente antes de la canción, y cuando empieza el ritmo corren un grupo contra otro, pudiendo mezclarse, o bien chocar y levantarse unos sobre otros.
•Saltos con las rodillas hacia el pecho
•"El círculo de la muerte" variante de pogo en donde el público forma una ronda lo más grande posible esperando el punto álgido de la canción para chocar y entremezclarse al compás de la música.
•En algunos ambientes, con estilos de música especialmente enérgicos, han surgido formas de baile más violento, incluyendo gestos desafiantes, patadas, pisotones, brazos volteadores (como un boxeador que prepara un golpe). Aunque generalmente se permite hacer, no es aceptado por la mayoría, porque suelen recibirse golpes muy fuertes, y en algunos de los movimientos se considera una expresión muy agresiva.
•En el caso del new metal es totalmente distinto no hay choques ni hay giros solo saltos estáticos al ritmo.
•En el Punk-ska se baila una forma más suelta que incorpora aspectos de la tradición reggae, fusionando ambos bailes para lograr un movimiento más fijo en con abuntantes giros y saltos, Menos empujones y choques.
•En el Oi! exige más violencia y resistencia, utilizando continuamente puñetazos y patadas.

Otros términos:

En algunos lugares se lo conoce como Mosh o Slam. En países de latinoamerica, como Panamá, o México se le denomina Slam, incorporando una variante de ronda perifericarica en el ultimo caso. En diversas zonas de España (especialmente en Cataluña) y en Venezuela lo llaman "hacer ollas" o simplemente ¨La olla¨. En Chile se conoce también como Rueda, y en Uruguay como "Agite", o "agitar". Mucha gente se dobla el pie en ruedas, y al otro dia anda con los pies todos molidos.

lunes, 4 de agosto de 2008

ULTRA VIOTEXTO

CARTA ABIERTA PARA QUIENES DESEEN SER MÚSICOS

Por Karlheinz Stockhausen

Una vez más estamos envueltos en una revolución, pero esta vez está ocurriendo en el mundo entero. Esta vez, fijemos realmente las metas más altas que nos fuera posible ¡Toda la humanidad está en juego!

A lo largo del mundo, encontramos el sentimiento opresivo, y aterrorizado de que allí frente a nosotros hay algo que solamente se puede comparar con el nacimiento de la primera planta a partir de la materia inanimada, con el nacimiento del primer animal a partir del reino vegetal o con el nacimiento del primer hombre a partir del reino animal -una nueva etapa en el desarrollo de la conciencia-.

Tan fuerte como el anhelo del hombre por la próxima etapa del ser es su miedo, y su resistencia a abrirse a esta nueva conciencia. Unos pocos individuos, grupos, partidos, pueblos, creen que gozan de primacía y que por lo tanto pueden suprimir y comerse literalmente a los demás. Porque en verdad, somos desiguales, con respecto a la inteligencia y a las posibilidades, y sabemos que sólo unos pocos de nosotros tendrán éxito en la tarea de ser libres y en lograr un estado de súper conciencia por medio de nuestro propio poder interior. Del mismo modo, sólo unos pocos animales "sabían" cómo convertirse en humanos. Uno sólo puede llegar a ser más altamente humano superando su egocentrismo y superando también el miedo a perderse a sí mismo de esta manera. No tratemos de establecer nuevos sistemas en oposición a los que queremos derribar, porque los sistemas son demasiado restrictivos, y quieren excluir, suprimir y erradicar a los disidentes. Nuestra concepción debe ser tan amplia que nos veamos a nosotros mismos como parte del mundo entero, permitiendo a los viejos sistemas que se mueran, sin perpetuarlos y sin agregar nuevos sistemas para los que pretendamos proclamar derechos exclusivos sobre la mente de otros hombres.

Los sistemas son productos de aquella razón que nuestros antepasados hicieron único amo del cuerpo, en el que el alma era un pisionero. Los viejos sistemas atribuían todo el poder al primer sirviente del cuerpo, la razón. Pero seamos conscientes de que la razón, a menos que sea constantemente alimentada por una inspiración más elevada desde los supraracional, continuamente hace las combinaciones con todo lo que está acumulado en ella y puede, en cualquier momento, proclamar lo que se le dé la gana como verdadero -aun puede proclamar lo opuesto como verdadero-. Uno puede usar la razón para cualquier propósito. Puede sostener cualquier opinión. Puede justificar, probar o refutar todo. Y si uno no ha aprendido a manejarla, puede correr locamente sin pararse nunca. Es un instrumento útil, nada más y nada menos. Es una computadora modelo. Pero ¿quién la usa? y ¿para qué?.

El súper-ego nos debiera dar alimento para el pensar. Y el súper-ego adquiere ese alimento de la conciencia intuitiva, de la más alta conciencia súper personal cósmica.

¿Por qué hago yo tal aseveración, yo que al fin de cuenta soy un músico y no un filósofo? Porque nosotros los músicos devieramos vivir tan intuitivamente como fuera posible. Porque he descubierto que todo empieza de nuevo cuando se adquiere esta conciencia y se trata de desarrollarla todo todo lo que sea posible. Entonces uno es músico sólo secundariamente, uno es especialista, un hombre con una profesión. Antes que nada, uno es un espíritu individual, que debe tomar contacto con el espíritu universal antes de tratar de comunicar algo de importancia al resto de la gente.

La música no debería ser solo un baño de olas que masajean el cuerpo, un psicograma tonal, un programa de pensamiento con tonos.

Debería ser una corriente tonal metamorfoseada de electricidad cósmica súper-consciente.

La mayoría de los músicos que practican la música hoy en día están realizando una acción automática -incoscientemente- y han perdido el entusiasmo que tal vez tuvieron durante un breve lapso cuando eran muy jóvenes y estaban muy decididos con respecto a la música como profesión. Debemos construir nuevamente desde el principio, y una vez más debemos despertar ese entusiasmo original, o sino abandonar la música.

Por esa razón, deberían disolver todas las orquestas y coros por un tiempo y dar a cada músico la oportunidad y el tiempo para mirar dentro de sí, para meditar, para descubrir qué es aquello para lo cual vive, por qué hace música y si está profundamente entregado a la música y por lo tanto debe dedicarse a ella. Desafortunadamente, veríamos que la mayoría de los músicos que han estado durante años comprometidos con esta profesión de la música, y que creen que esta actividad continuara hasta que mueran o se retiren, dejarían la música y se dedicarían a otra cosa. Tal vez no harían nada durante un tiempo largo (siempre que uno continuara pagándoles y por lo tanto privándolos de esos viejos argumentos financieros que hacen que la gente siga teniendo lo que odia), lo que podría ser en sí muy fructífero. Las razones habituales para ganar dinero -permanecer vivo o satisfacer las exigencias siempre en aumento de cada uno- son al fin y al cabo nada más que razones perezosas. En la India, en una carretera entre Agra y Jaipur, conocí a un músico que tocaba para mí en un pequeño instrumento de cuerdas que había construído él mismo. Y fue uno de los pocos músicos maravillosos que yo haya conocido. No poseía nada. Me dijo que cuando obtenía una buena remuneración era cuando lograba aproximadamente tres centavos por día, tirados por algún transeunte al que le gustaba su música. Cuando le pregunté si me vendería su instrumento por veinte dolares -una suma que no podía ganar ni en unos varios años- me miró estupefacto, le corrieron lágrimas por la mejillas y sacudió la cabeza: "No". Me sentí mortalmente avergonzado.

Aquellos que quieran ser músicos, siguiendo su llamado más elevado, deben empezar con el más simple de los ejercicios de meditación, al principio sólo con ellos mismos: "Tocar un tono con la idea de que uno dispone de todo el tiempo y el espacio del mundo", y así de ahí en adelante. Antes que nada, de todos modos, deben adquirir conciencia, conciencia de por qué están vivos, de por qué todos estamos vivos para lograr una vida más elevada y para permitir que las oscilaciones del universo penetren en nuestra existencia humana individual. Y los músicos deben echar las bases para la llegada de un ser humano más elevado aún enterrado en nosotros. Y colocar el cuerpo todo, hasta las partes más pequeñas, en estado de vibración para que todo llegue a ser más receptivo y más suelto y para que el músico pueda percibir las vibraciones de la conciencia más elevada.

Puedo experimentar de antemano la desaprobación con que ustedes leerán esta "carta abierta". No me molesta. De todos modos, estaría muy mal que no tuvierán siquiera la insinuación de que en sus mejores momentos ustedes actúan por intuición y que son las posibilidades de una existencia superior lo que los hace permanecer vivos. Ustedes no querrían seguir viviendo si tuvieran los sentidos embotados. En cambio, deberían desear adquirir mayor conciencia del mundo y sus por qué y sus tal vez. Y deberían saber que nuestras fallas y nuestras imperfecciones son sólo signos de que estamos ascendiendo, elevados hacia ese futuro que está en nosotros -aquello que es la súper-conciencia, constantemente llevándonos hacia arriba, cada vez más alto.

Nosotros, los músicos, hemos recibido un gran poder para encender con acordes el fuego del anhelo de elevarse. Fuera de nosotros mismos. Seamos cuidadosos de no perder este poder. No sólo es importante que los músicos traten de alcanzar las alturas más elevadas, sino que además el campo de la vibración que los rodea es tan fuerte, tan sobre-eléctrico, que cualquiera que penetre en este campo se eleva con los músicos.

Participemos por lo tanto en la gran revolución de la humanidad, puesto que realmente sabemos lo que queremos de verdad. Vale la pena jugarse la propia vida cuando está en juego. Pero ya no vale la pena cuando solamente están comprometidas verdades parciales, grupos privados, problemas nacionales o problemas políticos unidimencionales. Que no nos domine la idea de que hay alguna clase de validez individual en una revolución francesa, vietnamita, checa, rusa o africana. Lo único que cuenta es la revolución de la juventud mundial en pro de lo más elevado del hombre. Nada más que esto. El hombre más elevado no ha de nacer de la destrucción, de la explosión de átomos, de cerrar fronteras viciadas, sino sólo de la conciencia creciente de que la humanidad es sólo cuerpo, y de que el cuerpo entero está enfermo e incapacitado, mientras haya uno solo de sus miembros golpeado, herido, ultrajado o eliminado.

La batalla -y una batalla es inevitable- será dura, ya que los que están en el poder han perdido su fe en la humanidad. Creen que ellos son los elegidos porque la situación es tal que tienen los medios físicos para detentar el poder. Tienen a su disposición los dogmas y los sistemas morales, políticos y religiosos que usan para juzgar y ordenar a los más débiles. Pero en realidad, son los prisioneros de su propia razón, que divide todo para poder "entender" y controlar al mundo.

Por lo tanto, los ingenieros de la razón perderán en último análisis sus guerras no santas porque tienen callos y no tienen ninguna súper conciencia del hombre más elevado que inspire sus acciones. Somos gobernados por generales del ejército, magnates financieros, estadistas, oficiales de partido, fanáticos religiosos, lideres grupales y especialistas en administración. ¿Qué otra cosa podemos esperar del mundo bajo estas circunstancias?

Pero empecemos desde la línea de partida: desde nosotros mismos. Y cuando hayamos adquirido la conciencia más elevada ya no necesitaremos "ser gobernados". Entonces obtendremos consejos de los santos -no los santos de la iglesia sino los espíritus que sirven a toda la humanidad, que han adquirido una conciencia universal que va más allá de las diferencias de religión y de raza y que no confunde universalidad con uniformidad.

¿Qué tiene que ver todo esto con la música? Hoy lo que interesa es la totalidad. Si entendemos esto, haremos también una música verdadera que permitirá que esta totalidad se pueda conocer.